lunes, 13 de octubre de 2014

Obesidad infantil

El sobrepeso y la obesidad, que se extiende como una epidemia por los países desarrollados, también está afectando a nuestros niños y adolescentes. En los EEUU, uno de cada 4 niños presenta sobrepeso. En los países europeos las cosas no son muy diferentes. Por ejemplo, en un estudio en Italia, en niños de 10 años, presentaban sobrepeso el 30%.
El estudio ENKID, realizado en España por los Dres. Aranceta y Serra Majen, encuentra que la prevalencia de sobrepeso en los menores de 24 años es de alrededor del 25%, y la de obesidad del 13%. Estas cifras verían según las diferentes regiones, encontrándose las cifras más bajas en la Comunidades de Aragón y Cataluña.
En los niños, las complicaciones a corto plazo de la obesidad incluyen las alteraciones ortopédicas, y las psicológicas, ya que los niños se sienten rechazado por sus compañeros.
Pero las consecuencias más graves no se pondrán de manifiesto hasta la vida adulta, cuando aumenta el riesgo de diabetes y de complicaciones cardiovasculares. Y es que los niños con sobrepeso tienen mayor riesgo de obesidad en la vida adulta. Pero el verdadero problema es que en las últimas 2 décadas esta cifra se ha elevado más del 50%.
Se ha dicho que la otra víctima invisible de la obesidad infantil son los padres. ¿Por qué? Porque nadie culpa al niño de su problema, sino a los padres, por su ignorancia y por la mala alimentación que le proporcionan. Por eso, intentamos, con estas líneas, ayudar a los padres para que a su vez puedan ayudar a sus hijos.
Los niños pueden padecer sobrepeso debido a varias razones. En primer lugar, los factores genéticos. Los hijos de padres obesos tienen mayor posibilidad de ser obesos. Pero también influyen otros hábitos de comportamiento como son los hábitos alimentarios y de ejercicio físico y la actividad en el tiempo de ocio (sedentaria, usando los ordenadores o viendo la televisión en detrimento del tiempo dedicado a la actividad física).
¿Como ayudar a mi hijo con sobrepeso?
En primer lugar es muy importante que se sienta apoyado por la familia. El niño debe notar claramente que sus padres le quieren a pesar de su peso. Los sentimientos de los niños sobre sí mismos a menudo se basan en lo que sus padres piensan de ellos. Sí los padres aceptan al niño independientemente de su peso, es más probable que los niños se acepten a sí mismos.
También es importante hablar con el niño sobre el problema del peso, permitiéndole que comparta su preocupación con los padres. Probablemente el niño ya sabe, mejor que nadie, que tiene ese problema. El niño con sobrepeso necesita el apoyo, aceptación y ayuda de sus padres.
El niño no se debe sentir marginado debido al peso, es preferible cambiar gradualmente los hábitos de la familia en cuanto a la comida y a la actividad física. De esta forma todos los miembros de la familia van a tener una vida más sana y el niño no se va a sentir aislado.
Aumentar la actividad física de toda la familia. Los padres son un modelo para sus hijos. Si los niños ven que los padres son activos, y disfrutan con ello, es más probable que sean activos y permanezcan activos durante toda su vida.
Por ello, trata de buscar ciertas actividades divertidas como el caminar (una excursión por el campo los fines de semana, y también al trabajo y al colegio durante los días laborables; utiliza menos el ascensor y sube las escaleras andando).
Otras formas divertidas de hacer ejercicio en familia son bailar, montar en bicicleta o nadar. Es posible cambiar un buen paseo después de comer, en lugar de ver la televisión. Pero hay que tener cuidado con no herir la sensibilidad del niño. A veces los niños con sobrepeso no se sienten a gusto con determinadas actividades.
Por ello, es importante ayudarle a encontrar alguna actividad física en la que no se sienta avergonzado o no sea demasiado difícil. Para evitar las horas delante del televisor es importante ofrecerle al niño alguna actividad que le divierta. El objetivo es que la actividad física no sea algo a lo que hay que obligar al niño, sino que sea algo agradable, y que a la vez le permita relacionarse con otras personas o miembros de la familia.
Cambia los hábitos dietéticos de toda la familia, y enséñale a comer más sano. De esta forma, la actitud ante la comida será más adecuada: la comida hay que disfrutarla y es necesaria para el crecimiento y desarrollo y para mantener una vida activa. Para desarrollar estas actitudes correctas ante la comida, es muy importante no ponerle al niño una dieta demasiado restrictiva, excepto cuando haya una prescripción médica que lo justifique.
El limitar lo que el niño come, sin control por un profesional, puede ser nocivo e interferir con su crecimiento y desarrollo. En general la dieta debería seguir el siguiente criterio: la mayoría de los alimentos deberían pertenecer a la base de la pirámide: sobre todo cereales, arroz, pan y pasta (6-11 raciones al día), vegetales (3-5 raciones) y frutas (2-4 raciones).
En cantidad moderada se incluirán lácteos (2-3 raciones) y productos proteicos (carnes, pescados y huevos). Los alimentos ricos en grasas y azúcares (bollos, pasteles y tartas) deberían consumirse de forma ocasional. Poco a poco, trate de disminuir la cantidad de grasa que se consume en casa.
La grasa es el nutriente más rico en energía, y si se limita moderadamente no se verá afectado el equilibrio de la nutrición. Ello supone evitar en lo posible los fritos, comer el pollo sin piel, tomar carnes magras, preferentemente pescados y tomar los lácteos desnatados. Sin embargo, no se debe limitar la ingesta de grasa en niños de menos de 2 años de edad. Las retricciones en el caso de los niños se deben realizar bajo control médico.
Intente que el niño coma despacio y en un ambiente relajado, para que pueda percibir mejor la sensación de saciedad. Siempre que sea posible debería comer junta toda la familia, manteniendo una conversación agradable. Si las comidas no son agradables, los niños comen más rápido para acabar cuanto antes. Y aprenden a asociar comer con estrés. Tampoco es recomendable comer con la televisión, ya que dificulta la percepción de la sensación de saciedad.
No utilice la comida para castigar o premiar al niño. Ni el clásico “a la cama sin cenar”, ni tampoco premiar con dulces o postres o ciertas comidas. Los niños aprenden que ciertas comidas (que se dan como premio) son “mejores” que otras. Si se le promete un helado (premio) cuando se haya comida la verdura, el niño aprenderá un mensaje erróneo sobre la verdura.
Cuidado con el picoteo y los tente-en-pie. El picoteo continuo puede contribuir a una ingesta excesiva. Sin embargo, ciertos “tente-en-pie” a media mañana y merienda pueden ser parte de una dieta equilibrada. Utiliza en estos casos, de forma preferent,e fruta con yogur desnatado, pequeños bocadillos, leche desnatada con galletas o cereales, sorbetes de frutas, sin privar a tu niño de esas galletas que tanto le gustan, de forma ocasional.
Normas para controlar el sobrepeso en los niños
  • Es muy importante que note el apoyo de la familia
  • Aumente la actividad física de toda la familia. Haga ejercicio junto con el niño
  • Cambie los hábitos dietéticos de toda la familia, y enséñele a comer de un modo más sano.
  • Procure que desayune adecuadamente
  • Nunca someta al niño a una dieta demasiado restrictiva, excepto bajo control médico
  • Disminuya la cantidad de grasa de las comidas
  • Intente que el niño coma despacio, y en un ambiente relajado.
  • No asocie la comida con el hecho de ver la televisión
  • No utilice la comida para castigar o premiar al niño.
  • Cuide de que el niño no pique entre horas y de que realice las comidas a su debido tiempo.

1 comentario:

  1. Este es un problema pasado por alto que conducirá a muchos casos de diabetes prematura.

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